Poem: La Tierra Negra

Submitted by Cadence Ciesielski. To be published in our upcoming Fall edition. This piece is in English and Spanish.

English Version

Abstract: This work is a poem written in English and Spanish that tells the story of the forced displacement of an indigenous community that I have studied during my time of working with a Mexican human rights organization during the summer of 2021. Oaxaca, a southern Mexican state, is among the most diverse in the country with over 450 villages inhabited by people with indigenous and ethnic backgrounds. Because of this, many indigenous groups in Oaxaca face the danger of forced displacement for political, financial, and territorial reasons. The goals of this work are to translate stories of Mexican indigenous culture and hardships into universal struggles that resonate with US audiences, detail the consequences resulting from these instances of forced displacement, and incorporate international ideas about human rights from texts like the Universal Declaration of Human Rights.

As a white author, I feel it’s important to express that while the narrator is a young Mexican Mixe woman, I am not trying to take credit for her story or pretend that it is my own experience. I am simply sharing a fictional account of these events based on publicly available and accurate information.

La Tierra Negra

They showed up early in the morning. 

I woke up to the noises,

the sounds of destruction.

They ruined it.

First, the earth with their immense trucks

and their threatening weapons.

I said to my sister,

“Get up already, ‘manita[1].”

With sleep-filled eyes,

she awoke to the violence.

I didn’t know why they were here,

I only knew their danger.

I recognized the mob of people,

it was a political group, a powerful one.

According to the election he should have lost,

but he took power anyway.

Because we didn’t choose him,

he chose to come for us.

We walked to the kitchen looking for her,

and then we saw her–our mom.

Her eyes wide and scared to death,

she was panicking and packing up some food.

Yelling in our native language,

she told me to pack up some clothes

for me and my little sister.

For two weeks, just two weeks.

I glanced outside toward the cargo house[2].

That’s when I saw the second thing they ruined.

The peace. I watched as they beat

my uncle to the ground, laughing.

I shouted “What’s going on?” in Mixe[3].

She looked at me, nodded to our room,

and told me to pack our bags.

I stomped off to my room and asked my sister to help me.

She asked me what was happening, scared.

I didn’t know what to say.

“We’re leaving,” she looked at me confused.

“Just for a little while, it’ll be fun. We’ll visit the cities, practice our Spanish.”

Why me? It’s Saturday, I was going to help Dad at the market.

I’m not even old enough to vote. What did I do wrong?

I thought as I shoved some clothes into my bag.

I stopped to stare out at the mountains and breathe the fresh air.

I thought of Poj ‘Enee[4].

“She will protect us, she always does,”

I whispered as it began to drizzle.

Finally, I turned and grabbed my Tso’ok[5].

We ran out to find our mother again,

and she grabbed my sister’s hand.

She handed me some cash,

“Wait for the next cab, they know where to go.”

I looked outside and saw people from my village,

jumping into cabs with whatever they could grab.

Leaving houses, cars, pets, our land.

Leaving lives, love, and peace all behind them.

They were gone and I was next.

I took a deep breath and looked around me.

My home. Here and gone within the hour.

It’ll only be two weeks, right?

What was just a day,

turned into the worst day.

And what was only two weeks,

turned into four years.

Right now, I’m where

we have lived these four years.

The streets of Matias Romero,

forever far from home.

Because I could speak Spanish

I got a job as a waitress.

I have been able to provide,

but only so much.

I feel guilty.

I can earn money,

I can buy us food,

but I can’t take us home.

I thought I lost a lot that day,

but the truth is I’ve lost

a lot more in the last four years.

I was supposed to go to college.

After the move,

that was impossible.

Then, so were my dreams.

I was supposed to be raised Mixe.

But it’s hard to maintain

the culture of your blood

when you’re so far from your land.

I was supposed to be married by now.

Most of the Mixe women I know

fall in love at the age I left.

Now they think I’ll never marry.

I was supposed to respect my government,

because they were supposed to keep us safe.

But it seems like they only care about the indigenous

when they use us to make money.

Since we were forced out

I have done some research:

What happened to inherent human dignity?

What happened to freedom from fear?

What happened to being recognized as a person?

What happened to protection from exile?

What happened to the right to property?

What happened to the protection of privacy?

Of family?

Of home?

It turns out Article 12 of the Universal Declaration of Human Rights has a lot to say about what happened to me, but strangely the Mexican government doesn’t.

Spanish Version

Resumen: Esta obra es un poema escrito en inglés y español que cuenta la historia del desplazamiento forzado de una comunidad indígena que he estudiado durante mi tiempo de trabajo con una organización mexicana de derechos humanos durante el verano de 2021. Oaxaca, un estado del sur de México, es uno de los más diversos del país, con más de 450 pueblos habitados por personas de origen indígena o étnico. Debido a esto, muchos grupos indígenas en Oaxaca se enfrentan al peligro del desplazamiento forzado por razones políticas, económicas y territoriales. Los objetivos de esta obra son traducir las historias de la cultura indígena mexicana y sus dificultades en luchas universales que resuenen en un público estadounidense, detallar las consecuencias resultantes de estos casos de desplazamiento forzado e incorporar ideas internacionales sobre los derechos humanos de textos como la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Como autora blanca, creo que es importante expresar que, aunque la narradora es una joven mixe mexicana, no intento atribuirme el mérito de su historia ni pretender que sea mi propia experiencia. Simplemente estoy escribiendo un cuento ficticio de estos eventos basado en información pública disponible y confiable.

La Tierra Negra

Ellos llegaron temprano en la mañana. 

Me levanté a los ruidos,

ruidos de destrucción.

Ellos la arruinaron.

Primero, la tierra con sus grandes camiones

y sus agraviantes armas.

Le dije a mi hermana,

“Levántate ya, ‘manita,”

Con los ojos pesados,

se despertó ante la violencia.

No sabía la causa,

sólo el peligro.

Reconocía a la multitud,

era un grupo político, poderoso.

Debería haber perdido,

pero tomó el poder.

Porque nosotros no lo elegimos,

él nos eligió a nosotros.

Fuimos a la cocina

y vimos a nuestra mamá.

Estaba muerta de miedo

y empacando comida.

Gritando en nuestra lengua materna,

me dijo que empacara ropa

para mí y mi hermanita,

para dos semanas, sólo dos semanas.

Miré afuera, hacia la casa del cargo[6],

y vi la segunda cosa que habían arruinado.

La paz. Vi como golpeaban

a mi tío en el suelo y se reían.

Grité “¿Qué está pasando?” en mixe[7].

Ella me miró, señaló nuestro cuarto,

y me dijo que hiciera las maletas.

Me fui enfadado a mi habitación y pedí ayuda a mi hermana.

Ella me preguntó qué estaba pasando

y no supe qué decir.

“Nos vamos,” me miró confundida.

“Sólo por un tiempo, será divertido. Visitaremos las ciudades, practicaremos nuestro español.”

¿Por qué yo? Es sábado, quería ayudar a papá en el mercado.

Ni siquiera tengo edad para votar, ¿qué he hecho mal?

pensaba mientras metía la ropa en mi bolsa.

Me detuve para mirar las montañas y sentir el aire fresco.

Pensé en Poj ‘Enee[8].

“Nos protegerá, siempre lo hace.”

susurré mientras empezaba a lloviznar.

Finalmente, me giré y cogí mi Tso’ok[9].

Salimos corriendo a buscar a nuestra madre,

agarró la mano de mi hermana.

Ella me dio algunos pesos,

“Espera el próximo taxi, ellos saben a dónde ir.”

Miré fuera y vi a la gente de mi pueblo,

saltando a los taxis con lo que pudieron agarrar.

Dejando casas, coches, mascotas, nuestra tierra,

Dejando vidas, amor y paz, todo detrás de ellos.

Se habían ido  y yo era la siguiente.

Respiré profundamente y miré a mi alrededor.

Mi hogar. Aquí y se fue en una hora.

Ojalá sólo dos semanas, ¿no?

Lo que era sólo un día,

se convirtió en el peor día.

Y lo que eran sólo dos semanas,

se convirtió en cuatro años.

Ahora mismo estoy donde

hemos vivido estos cuatro años.

Las calles de Matías Romero,

siempre lejos de casa.

Porque sabía hablar español

conseguí un trabajo de camarera.

He podido mantener,

pero sólo un poco.

Me siento culpable.

Puedo ganar dinero,

puedo comprarnos comida,

pero no puedo llevarnos a casa.

Pensé que había perdido mucho ese día,

pero la verdad es que he perdido

mucho más en los últimos cuatro años.

Se suponía que iba a ir a la universidad.

Después de la mudanza,

eso fue imposible.

Entonces, también lo fueron mis sueños.

Se suponía que iba a criar a Mixe.

Pero es difícil mantener

la cultura de tu sangre

cuando estás tan lejos de tu tierra.

Se suponía que ya debía estar casada.

La mayoría de las mujeres mixes

se enamoran a la edad que yo dejé.

Ahora creen que nunca me casaré.

Se suponía que debía respetar a mi gobierno,

porque se suponía que debían mantenernos a salvo.

Pero parece que sólo se preocupan por los indígenas

cuando nos utilizan para obtener beneficios.

Desde que nos obligaron a salir

he investigado un poco:

¿Qué pasó con la dignidad humana inherente?

¿Qué pasó con la libertad del miedo?

¿Qué pasó con el reconocimiento como persona?

¿Qué pasó con la protección contra el exilio?

¿Qué pasó con el derecho a la propiedad?

¿Qué pasó con la protección de la intimidad?

¿De la familia?

¿Del hogar?

Porque el artículo 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos tiene mucho que decir sobre lo que me sucedió, pero extrañamente el gobierno mexicano no lo hace.


[1] Little sister

[2] the person who occupies the municipal presidency in a Mixe or indigenous community

[3] The language spoken by the Mexican Mixe indigenous communities

[4] Thunder Wind is a Mixe god protector of rain and fertility

[5] The individual is made up of two “souls”, one mortal and one immortal, which corresponds to the indigenous vision. This immortal soul is represented by an animal, or combination of animals, which serves as a spiritual protector in the form of a Tso’ok made of wood.

[6] la persona que ocupa la presidencia municipal en una comunidad mixe o indígena

[7] la lengua hablada por la comunidad indígena mixe mexicana

[8] Viento del Trueno es un dios protector mixe de la lluvia y la fertilidad

[9] El individuo está formado por dos “almas”, una mortal y otra inmortal, lo que corresponde a la visión indígena. Esta alma inmortal está representada por un animal, o una combinación de animales, que sirve de protector espiritual en forma de Tso’ok de madera.

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